El juicio del 11S revela el secretismo de la prisión de Guantánamo

El juicio del 11S revela el secretismo de la prisión de Guantánamo

07/05/2012 El juicio al cerebro de los atentados del 11S ha puesto en evidencia el desconocimiento de lo que realmente sucede en las celdas de la prisión de Guantánamo, incluso para los abogados de la defensa, confundidos por el trauma que muestran sus clientes.

La desazón desplegada estos días en la base naval de la Bahía de Guantánamo por los abogados de la defensa es una muestra de la dificultades que entraña la estructura de estas comisiones militares, creadas para juzgar a terroristas islámicos, fuera del sistema legal vigente.

"No sé la razón (por la que mi cliente está atado con correas), los guardas no nos han dejado hablarlo en privado", indicó el abogado militar de la defensa de Walid bin Attash, Michael Schwartz, nada más comenzar la vista preparatoria de ayer.

Cuando, al parecer, Schwartz quiso discutir en la sala los problemas de comportamiento de su cliente "por razones que bien saben los miembros de la prisión", alguien desde fuera pulsó el botón rojo que bloquea el audio que censura información secreta.

"Quiero que quede en acta que fue cacheado totalmente desnudo, es un trato denigrante", se quejó después David Nevin, abogado civil de Jalid Sheij Mohamed, supuesto autor intelectual de los atentados del 11S.

En una vista caótica, llena de interrupciones, que duró 13 horas, el momento en el que Bin Attash se levantó la camisa para enseñar cicatrices en su brazo levanto a los asistentes del letargo.

La abogada civil del recluso, Cheryl Borman, pidió que se investiguen las causas de las marcas, aunque no pudo asegurar que se debieran al maltrato de los guardas.

Según Nevin, que aseveró hoy que el Gobierno estadounidense quiere ver muerto a su cliente para eliminar testigos incómodos de las torturas de los años de guerra contra el terrorismo, los acusados han decidido protestar "a través de la resistencia pacífica" y no contestar al juez.

Nadie sabe qué sucede realmente en los campos de prisioneros de máxima seguridad de Guantánamo, creados poco después del inicio de la guerra de Afganistán, y que pese a que el presidente Barack Obama prometió cerrarlos aún acogen a 169 presos, 16 de ellos de alto valor.

Cuando se cierran la puerta de "Campo Justicia" y los cinco sospechosos de planificar y ejecutar los mayores atentados de la historia de EEUU, con casi 3.000 muertos a sus espaldas en un solo día, vuelven a sus celdas, se abre ante ellos una zona a la que pocos ojos tienen acceso.

"La Cruz Roja tiene visitas rutinarias y aleatorias a la base. Pueden pedir volar (el viaje dura unas 3 horas desde Washington) en cualquier momento si creen que existe una causa justificada", indicó a Efe uno de los funcionarios del Pentágono presente en Guantánamo.

La denuncia de las cicatrices de Bin Attash no ha sido contestada oficialmente por los administradores militares de la prisión de Guantánamo, aunque el coronel del Ejército Todd Breasseale afirmó que el Pentágono se toma muy en serio estas denuncias y las investiga.

En este complejo sistema ni siquiera los abogados, que tiene privilegios especiales, pueden hablar con sus clientes abiertamente sobre detalles de su confinamiento o de los años que pasaron en cárceles secretas de la CIA.

"Cuando hablamos con nuestros cliente siempre hay gente mirando por encima del hombro", indicó uno de los letrados de la defensa, mientras que Nieve, experto en casos de pena de muerte, los definió como "una policía del pensamiento en traje, corbata y uniforme".

"La tortura es como el malo que no acaba de aparecer" decía uno de los periodistas del medio centenar que pudo acreditarse para volar a la Base Naval de Guantánamo.

La desesperación de los reos la verbalizó Ramzi Bin al Shibh, uno de los que supuestamente fue entrenado para estrellar uno de los aviones el 11 de septiembre. El acusado gritó en un momento de la vista que los "quieren matar en los campos (de prisioneros) y que parezca un suicidio".

Pese a las restricciones de comunicación del presidio, Sheij Mohamed y los otro cuatro cómplices parece que llegaron con una estrategia coordinada para no hablar ante el juez militar de la comisión, algo que los abogados de la defensa aseguraron desconocer, lo que añade más confusión al caso.

Los reos de más valor o de mal comportamiento de la base de Guantánamo pasan largos períodos confinados en pequeñas celdas sin contacto con otros reclusos, aunque pueden salir a un patio a hacer ejercicio o ver la televisión a solas.

La prensa ha podido visitar los campos donde residen los presos de mejor comportamiento, mientras que la Cruz Roja puede revisar más a fondo los procedimientos y tratamiento de los presos en otras instalaciones de alta seguridad.

Pese a todo, en este territorio de acantilados aislado a orillas del Caribe cuando los aviones regresan a Washington no quedan más ojos para ver.

Jairo Mejía

Agencia EFE ver más noticias

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