Y es que las producciones europeas, siempre más modestas, son un campo potencial para que, en caso de exportar el éxito, la rentabilidad se dispare.
Así sucedió a producciones modestas como la también británica Full Monty o la italiana La vida es bella, que siendo una producción modesta se embolsó 229 millones de dólares, además de tres Óscar.