Metida hasta el fondo, como está, en el asunto de sobrevivir en la isla, Rebecca ha abandonado ahora su labor profesional y se ha alejado de la cotidianeidad del acoso de la prensa, las ofertas de posados y otras citas que hacen engordar su agenda. Lo que es seguro es que, como todo participante de este tipo de programas, dará juego después de expulsada. Por lo pronto, ella asegura morirse por volver a ver a Buba y Maximus, sus perros.