Viniendo de donde viene, su encasillamiento como freaky del humor le ha valido un puesto de rigor entre los humoristas más de moda en el país, aire fresco para una televisión que parecía atascada entre el cansino de Cruz y Raya y la maldición de la Wendolín. Asegura que para él, la clave es mirar la vida por el lado ridículo y reírse de todo, sobre todo de uno mismo.