Aída se levanta cada mañana pensando en dos cosas: si conseguirá algún día al hombre que la quiera a ella y a sus hijos, y si podrá llegar a fin de mes sin tener que recurrir a un prestamista. En esta temporada, la pasión ha surgido entre Aída y Chema de forma imprevista pero arrolladora. La feliz pareja trata de ser discreta, pues ambos temen la reacción de los demás, pero les resultará imposible disimular la mutua atracción que sienten.